Beato José Ardil Lázaro, Hijo de María Destacado

Viernes, 17 Noviembre 2017 19:38 Escrito por 
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José Ardil Lázaro
Seglar, Hijo de María de la Medalla Milagrosa

Nacimiento: Cartagena (Mu) 18/08/1914
Padres: Antonio y Pastora
Bautismo: Cartagena, Parr. Sgdo. Corazón 19/08/1914
Martirio: Cartagena (Mu) 22/09/1936

FORMACIÓN Y APOSTOLADO: Ardil era párvulo externo de la Casa de Misericordia cuando la Asociación de Hijos de María se estaba iniciando. Pronto comprendió que detrás de aquellos jóvenes alegres se ocultaban valores superiores y junto a su hermano Antonio, pasó a ser aspirante y luego Hijo de María con todas sus consecuencias. Por su bondad de corazón y sus buenas disposiciones aprovechó muy bien los medios de formación que le facilitó la Asociación, a la que acudía con asiduidad. Fue siempre amigo y colaborador del grupo de los mejores. Trabajaba con celo y con infatigable energía. Nunca desmayó ni aún en los momentos de mayor peligro. Cumplió los 22 años en la cárcel. Ya no vivía el padre y como el hermano era seminarista, la familia se mantenía con su sueldo de escribiente en una oficina.

MARTIRIO: Lo buscaron en su domicilio el 12 de agosto de 1936. Él estaba escondido en Murcia, y al no encontrarlo se llevaron presos a sus dos únicos hermanos. Antonio y Romana. Cuando él se enteró, viendo que peligraba la vida de sus hermanos, se presentó voluntariamente en la cárcel. El día 18 de agosto apresaron a Modesto Allepuz y al día siguiente a Pedro Gonzálbez. A partir de ese momento los tres seguirán los pasos ya descritos: confirmar su fe y la pertenencia a la Asociación ante los jueces, prepararse mutuamente para la entrega a Dios, aceptar las incomodidades, injurias y vejaciones, el simulacro de juicio, y la muerte como si fueran criminales, caminando unos dos kilómetros a paso militar custodiados por un piquete militar hasta el cementerio.

A Antonio Ardil Lázaro, preso como ellos, le permitieron permanecer junto a su hermano y compañeros hasta los últimos momentos. Delante de él, dirigiéndose a los tres milicianos que les custodiaban, se despidieron de todo el pueblo de Cartagena con este mensaje: Queremos que sepan que no nos llevamos odios ni rencores contra nadie. ¡Somos inocentes! Perdonamos a todos; a nuestros enemigos y a los autores de nuestra muerte. Lo único que pedimos es que se den por satisfechos con nuestra sangre y no se derrame ya más. A continuación, les abrazaron. El 1 de agosto de 1939 estos tres milicianos declararon ante notario con todo detalle la escena de la despedida, la actitud serena con que salieron los tres congregantes para el martirio, y su propia emoción. En la Asociación de Cartagena, cuyo centenario se celebrará el 15 de agosto de 2018 se conserva esta acta notarial. El recuerdo de los mártires está vivo. Con el último abrazo al seminarista Antonio Ardil, los mártires enviaron a sus compañeros un mensaje entrañable que marcaría su vida y su apostolado sacerdotal: “¡Que nuestra sangre no sea estéril!”.

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