English / Français / Italiano / Português

Menú Principal

Inicio

Oraciones de JMV

Santo Rosario

Oraciones Vicencianas

Temas de Oración

Guías de Celebración

Celebraciones

Epílogo

Subsidio para la Memoria de la Beata Rosalie Rendu

Reflexión Mariana (PDF)

Cuaresma

Celebración de la Encarnación

Celebración de Pascua

Celebración de Pentecostés

Vigilia de Pentecostés (DOC) | y presentación (pps)

Celebración Mariana para el 18 de Julio

Antivirus

PRIMERA PARTE: Introducción:

 

            Orar es una de las actividades más bellas y profundas que puede hacer el hombre. Mediante la práctica continuada de la oración puede llegar a tal hondura y a tal renovación interior que en ella y a través de ella el mismo hombre se haga “obra” de Dios. Para un cristiano, Jesucristo es el auténtico modelo y maestro de oración.  María fue también una mujer de oración: "Su Madre conservaba todas estas palabras en su corazón".(Lc. 2,51) San Vicente de Paúl vivió convencido del valor de la oración: “Dadme un hombre de oración y será capaz de todo” (Coste XI,83; CEME XI, 778).

            Orar es vivir, no es imaginar, ni soñar, sino salir del “sueño” que vivimos. Orar es despertar, es un amanecer constante. Un continuo despertar desde la vida,  en la vida… y para la vida. La otra oración, la que saca y evade de la vida, la que finge y adormece, la que es refugio y huida…, no es oración. Tampoco la oración es “pensar” mucho en Dios, porque ocuparse en darle una y mil vueltas a la cabeza no basta en una relación personal.  Orar es entrar en diálogo con Dios, desde lo más hondo de nuestro corazón. A medida que Dios se nos revela, la oración aparece espontáneamente, como un llamamiento recíproco, un diálogo, donde Dios llama y busca al hombre (“¿dónde estás?”… Gn. 3,9-13) y el hombre responde (“He aquí que vengo para hacer tu voluntad”… Heb. 10, 5-7) Por eso dice Santa Teresa de Jesús que orar es “tratar de amistad, estando muchas veces a solas, con quien sabemos nos ama”. El que descubre a Dios, a Cristo, se hace “amante”. Y el que ama sintoniza, busca la presencia, el diálogo…

            Hay que vivir la oración; si se prefiere, el encuentro con Dios. Una cosa es pensar en la montaña y su escalada y otra muy distinta subir a ella. Lo que alimenta es comer. No es suficiente con leerse la carta del restaurante; lo mismo que sólo bebiendo se quita la sed, y no recordando la fuente. A caminar se aprende caminando y a orar se aprende orando.

            El corazón del hombre, herido de amor infinito, busca con nostalgia insaciable el encuentro amoroso con su Dios. Desea ardientemente estar con el Señor de su vida. Llenar su vida de la presencia luminosa y radiante de Dios. Se siente como el rayo de sol que sólo se encuentra a sí mismo en conexión y fusión permanente con el sol. ¿Cómo existir fuera de él? Ser en Dios, en comunicación y comunión amorosa.

            A la oración vamos a estar con el Señor, en una presencia amorosa. “Estar” simple y llanamente es una actitud un poco costosa para nosotros, que tanto valoramos nuestra acción, nuestro trabajo, y que medimos nuestro ser y persona por el rendimiento y la eficacia.

            Por eso, antes que “hacer” en la oración, debemos saber “estar”, valorando nuestra capacidad de ser conscientes de que estamos aquí y ahora, en una actitud activamente pasiva. A veces en la oración valoramos mucho lo que decimos al Señor, lo que pensamos, razonamos o hacemos, los propósitos que sacamos… Tanto que a veces nos olvidamos del Señor y continuamos centrados en nosotros mismos, en nuestros problemas y cavilaciones. Dice Jesús: “al orar, no charléis mucho… porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo” (Mt. 6,7-8)

            Así pues, te invitamos desde este folleto a que practiques sencillamente el “estar” en oración, a simplemente estar centrado en lo más hondo de tu ser en una actitud silenciosa y acogedora. El silencio nos capacita para vivir nuestra propia presencia y al mismo tiempo abre dentro de nosotros la posibilidad de acoger y recibir la presencia de Dios, su revelación y su comunicación en la intimidad del alma. ¡Qué  poca capacidad tenemos actualmente de estar simplemente en silencio, acogedores y receptivos ante la presencia amorosa de Dios!.  “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam. 3,10)

            Todo encuentro profundo entre personas lleva a una auténtica manifestación,  revelación de la intimidad de las personas. Esa comunicación de intimidades hace que nazca la auténtica amistad. Difícilmente se dará revelación de intimidad si no se encuentra uno con su corazón silencioso, atento y receptivo en quien volcar la intimidad. Así pues, hemos de poner las condiciones para que este encuentro se de, y cuidar de iniciarnos en esta delicada tarea.

 ALGUNOS MEDIOS:

            Una vez aclarado el elemento primordial: nuestra disposición, pasemos a hablar de algunos medios.

            Como somos jóvenes que estamos en proceso de aprender, a veces necesitamos poner por nuestra parte unos medios que nos ayuden al encuentro y centren nuestra atención en esa presencia viva.

Ø      Para ello puede ayudarnos, una imagen o un icono, una vela, la Palabra, un texto seleccionado,… o bien puede ayudarnos repetir una palabra, frase o breve oración, despacio y rítmicamente, al ritmo de nuestra respiración.

Ø      Otras veces será un sentimiento, un gesto o un canto…

Ø      Otras será un pensamiento o una reflexión

Ø      Otras un encuentro con los pobres o un hecho de la vida...

Ø      Y para quienes ya estén iniciados, el silencio mismo.

     Pero recordando siempre, que es importante no quedarnos anclados en estos medios como si sólo de ellos se tratase. Se tratan de “puentes” que nos ayudan y facilitan el encuentro personal, íntimo y amoroso con Dios, no lo olvidemos.

            Para facilitarte este encuentro con el Señor, te proponemos algunas ayudas para la oración personal o la celebración común, inspiradas en la espiritualidad mariana y vicenciana de nuestra Asociación, a modo de sugerencias, que seguramente ayudarán  a despertar en ti esta actitud orante…

            La Santísima Virgen María, que en la espera pentecostal del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante, nos obtenga a todos los JMV del mundo el don de la plegaria incesante y del silencio, que nos capacite para entregarnos en profundidad al servicio de los pobres y de otros jóvenes.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo,

Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido,

luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos;

por tu bondad y gracia, dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

 

ORACIONES MARIANAS

 

Orar con Maria...   

Para María, orar significó reconocer en ella la obra de Dios y reconocerse a sí misma fundada en su obra. Orar supone descurbir a Dios como "mi Dios".  El que ama y me distingue sin que exista razon ni fundamento. La oración en María es un díalogo con el Padre Dios.  Un díalogo de búsqueda de la fe.    

"Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti."

 

MAGNÍFICAT

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

- como lo había prometido a nuestros padres -

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

BAJO TU AMPARO

 

Bajo tu amparo nos acogemos,

santa Madre de Dios; 

no desprecies las oraciones

que te dirigimos en nuestras necesidades,

antes bien líbranos de todo peligro,

oh Virgen gloriosa y bendita.

 

 

SALVE  REGINA

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra,

Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,

a ti suspiramos, gimiendo y llorando,

en este valle de lagrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,

vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

y después de este destierro muéstranos a Jesús,

fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

 

AVE REGINA

Salve, Reina de los Cielos

y Señora de los ángeles;

salve raíz, salve puerta

que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,

entre todas la más bella;

salve, agraciada doncella,

ruega a Cristo por nosotros.

 

 

REGINA COELI

(Tiempo Pascual)

 

P:  Reina del cielo, alégrate.

R: Aleluya.

P:  Porque Cristo, a quien llevaste en tu seno.

R: Aleluya.

P:  Ha resucitado, según su palabra.

R:  Aleluya.

P:  Ruega al Señor por nosotros.

R:  Aleluya.

P:  Gózate y alégrate, Virgen María, Aleluya.                       

R:  Porque verdaderamente resucitó el Señor, Aleluya.

 

ÁNGELUS

El ángel del Señor anunció a María,

Y concibió por obra del Espíritu Santo.

(Dios te salve, María…)

He aquí la esclava del Señor.

Hágase en mí según tu palabra.

(Dios te salve, María…)

Y el verbo se hizo hombre.

Y habitó entre nosotros.

(Dios te salve…)

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

 

Oremos:  Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas para que, habiendo conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, lleguemos, por su pasión y por su cruz, a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

ACUÉRDATE

(De la Novena de la Medalla Milagrosa)

Acuérdate, oh piadosísima Virgen María,

que jamás se ha oído decir,

que ninguno de los que han acudido a tu protección,

implorando tu asistencia, y reclamando tu socorro,

haya sido abandonado por tí.

Animado con esa confianza,

a ti acudo, Madre, la más excelsa de las vírgenes;

a ti vengo, a ti me acerco, yo, pecador contrito.

Madre del Verbo, no desprecies mis palabras,

antes bien escúchalas y acógelas benignamente.

Así sea.

 

ORACIÓN DE JUAN PABLO II EN LA CAPILLA DE LA RUE DU BAC

 ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres!

Has sido íntimamente asociada

a toda la obra de nuestra Redención.

Asociada a la Cruz de nuestro Salvador:

Tú corazón fue traspasado junto a su corazón.

Y ahora, en la gloria de tu Hijo,

no cesas de interceder por nosotros, pobres pecadores.

Velas por la Iglesia, de la que eres Madre.

Velas por cada uno de tus hijos.

Y alcanzas de Dios, para nosotros todas las gracias,

que simbolizan los rayos de luz

que emergen de tus manos abiertas.

Con la sola condición:

que nos atrevamos a pedírtelas,

que nos acerquemos a Ti con la confianza,

el atrevimiento, la sencillez de un niño.

Y así  nos llevas sin cesar hacia tu divino Hijo. 

 

 

OH SANTÍSIMA

 ¡Oh Santísima, oh piadosísima, oh dulce Virgen María!

Madre muy querida,  Madre sin mancha, ¡ruega por nosotros!

 ¡Tú eres nuestro consuelo y nuestro refugio, Virgen Madre María!

Todo lo que anhelamos, por ti esperamos; ¡ruega por nosotros!

 Mira que débiles somos, perdidos en lagrimas; ¡sálvanos, oh María!

Alivia nuestra angustia; apacigua nuestro dolor; ¡ruega por nosotros!

 Virgen, vuélvete y míranos; Madre, contémplanos, ¡escúchanos, oh María!

Tú eres la portadora de la salud divina; ¡ruega por nosotros!

 ¡Que tus alegrías y tus penas sean nuestra ayuda, oh María!

En Ti esperamos; a Ti suspiramos; ¡ruega por nosotros!

 

MADRE DEL REDENTOR

 Madre del Redentor, Virgen fecunda,

puerta del cielo siempre abierta,

estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza

y quiere levantarse.

 Ante la admiración de cielo y tierra,

engendraste a tu santo Creador,

y permaneces siempre virgen. 

Recibe el saludo del ángel Gabriel,

y ten piedad de nosotros, pecadores.

 

Consagración Mariana de jmv

 

A JESÚS CON MARÍA

 

¡Señor Jesús, a ejemplo de María, quiero DESCUBRIRTE!

Con ella, Madre de la Iglesia,

quiero ser presencia joven

en el seno de una comunidad servidora,

comprometiéndome con generosidad a la evangelización.   

 

¡Señor Jesús, a ejemplo de María, quiero SEGUIRTE!

Con ella, hija predilecta de Dios Padre,

quiero ser como Tú, evangelizador de los pobres,

en fidelidad a la consagración bautismal,

siendo constructor de  Vida, Amor y Paz!

 

¡Señor Jesús, como María, quiero AMARTE!

Con ella, Virgen orante, llena del Espíritu Santo

quiero hacer de mi vida un camino de Oración y Servicio,

en la sencillez y humildad,

 asumiendo la espiritualidad del Magnificat. 

 

¡Señor Jesús, como María, quiero ENTREGARME!

Con ella,  la primera discípula,

quiero abrir mi corazón y mi mente a la misión,

para que los dones que Tú me has regalado lleguen a los jóvenes del mundo,

siendo tus manos, Señor, para los demás. 

 

¡Oh María, sin pecado concebida,

ruega por nosotros que recurrimos a Ti!.

Acerca de | Mapa del Sitio | Contactenos | ©2007 Secretariado Internacional de JMV-C/Jose Abascal 30, 28003, Madrid. Tel: +34 91 591 2164

Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.
Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved