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EL PADRE MALONEY Y LA JUVENTUD MARIANA VICENTINA (Balance de doce años como Director General de la Asociación) Pedro Castillo, C.M. Subdirector General de JMV Los jóvenes, preocupación constante de los Superiores Generales Creo que todos los Superiores Generales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad han alentado de alguna manera la vida y el apostolado de la Asociación, invitando a los Misioneros y Hermanas a comprometerse en la evangelización de la juventud. Desde el P. Etienne, quien obtuvo la aprobación pontificia en 1847; pasando por el P. Fiat, quien con motivo del cincuentenario de la Asociación obtuvo nuevos privilegios de la Santa Sede; continuando con el P. Verdier, quien en 1931 obtuvo la facultad para que la Asociación pudiera establecerse en todas las parroquias; hasta el actual sucesor de San Vicente, el P. Gregory Gay, quien durante los dos últimos años trabajó como Asesor Nacional de JMV en la Provincia de Centroamérica. Sin embargo, en los últimos 20 años ha crecido enormemente en los Superiores Generales el interés por esta Asociación que la Virgen y la Iglesia ha confiado al cuidado de los hijos e hijas de San Vicente. Esto ha comenzado a notarse ya durante el último período del generalato del P. Richard McCullen (1986-1992), en el que la juventud comenzó a ser una de sus preocupaciones crecientes. Bástenos recordar algunas pinceladas: - Julio de 1984, el P. McCullen visita por primera vez el Encuentro Nacional de JMV de España, en Benagalbón (Málaga). - Diciembre de 1985, el Superior General declara oficialmente que la Asociación denominada en España “Juventudes Marianas Vicencianas” (JMV) es la actualización de la antigua Asociación de “Hijas e Hijos de María”, aprobada en 1847. - Junio de 1986, aprobación de los Estatutos Nacionales de la JMV de España. - Febrero de 1988, aprobación de unos nuevos Estatutos Internacionales por parte de la Santa Sede. - Julio de 1989, al clausurar el Encuentro de Visitadores en Río de Janeiro, el P. McCullen dijo: “si los pobres del mañana deben ser evangelizados, tenemos que mantenernos en contacto con los jóvenes de hoy y comprometerlos. No debemos retirarnos ante este continente emergente de la juventud… Quiero invitar a toda la Congregación, especialmente durante el año 1990, a lanzarnos valiente y confiadamente hacia ese nuevo continente de los jóvenes, a fin de asegurar su adhesión a Cristo y a su evangelio” (Cf. CLAPVI 64, 1989, p.191). - Agosto de 1989, el P.McCullen acompaña a la JMV de España en el Encuentro Europeo de Jóvenes en Santiago de Compostela. En el mes de noviembre, dedica su circular de adviento al tema de la juventud. - Noviembre de 1989, el P. Mc Cullen dedica su circular de adviento al tema de la juventud. - Julio de 1990, visita del P.Mc Cullen al Encuentro Nacional de JMV en Banagalbón (España). P.Maloney: historia de un pastor en medio de los jóvenes Creo que no exagero al afirmar que ninguno como el P.Maloney ha dejado una profunda huella en la historia de JMV y en el corazón de miles de jóvenes en los cinco continentes, quienes lo han percibido a lo largo de los doce años de su servicio como un pastor en medio de ellos. Si algo ha distinguido su superiorato (1992-2004), ha sido el fuerte impulso que ha dado a ambas comunidades para que se comprometan a favor del laicado vicenciano, y de manera especial de JMV. Quiero recordar sencillamente algunos datos que pueden servirnos para tomar conciencia del amor concreto que el P. Maloney siente por los jóvenes, y más especialmente por JMV. En julio de 1995 se celebra el II Congreso Iberoamericano de JMV, en México, y los jóvenes deciden crear una estructura que les ayude a comunicarse y organizarse mejor. Nace así el Consejo Latinoamericano de JMV, que desde el primer momento contó con el apoyo del P.Maloney. Al año siguiente, en el mes de mayo, el P. Maloney aprovecha la canonización de San Juan Gabriel Perboyre para reunir en Roma a los responsables nacionales de 10 países (entre ellos, España, Francia, Italia y Polonia), quienes discutieron la situación actual de la Asociación y decidieron emprender un camino de renovación y nuevo impulso, para celebrar el sesquicentenario de la aprobación pontificia (1847-1997) y el 50 aniversario de la canonización de Santa Catalina Labouré. 1997 marcó el inicio de un camino, que de la mano del P. Maloney, nos ha llevado a lo que es hoy la Asociación. Una comisión hispano-francesa comenzó a trabajar y convocó a tres actos: 1.- Encuentro internacional de Jóvenes JMV, en París (Villebón), del 18 al 25 de agosto, coincidiendo con la XII Jornada Mundial de la Juventud, en el marco de la cual el Papa beatificó a Federico Ozanam. Unos 2.300 jóvenes participaron en los actos, a nivel interno y los programados por el Comité Organizador de la Jornada Mundial. 2.- Foro de Responsables nacionales de JMV, del 26 al 29 de agosto, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad en París, bajo el lema: “Las Juventudes Marianas, una dinámica para el Tercer Milenio”. Con la participación de representantes de 47 países, en este Foro se trabajaron las notas características de nuestra identidad, una nueva propuesta de Estatutos Internacionales y de coordinación internacional. Allí el P.Maloney expresó con meridiana claridad el carácter vicenciano de la Asociación y cobró fuerza la idea de celebrar próximamente una Asamblea General Internacional. 3.- Exposición sobre el origen, historia y actualidad de JMV, con una presentación general y aspectos de la realidad específica de cada país. En su alocución durante el Forum París´97, el P. Maloney pidió a los jóvenes movilidad, disponibilidad y un amor “temerario pero disciplinado”, que los llevara a ser capaces de asumir tres retos concretos: * “Organicen más grupos de JMV, dondequiera que vayan creen nuevos grupos de juventud, especialmente en parroquias y colegios”. * “Busquen servicios voluntarios, ofrezcan uno, dos, tres o cinco años de su vida al servicio de los pobres” . * “Promuevan ministerios para los jóvenes, junto con una buena formación que los lleve a comprometerse”. Creo que aquellas palabras cayeron en el corazón de muchos de nosotros como semilla en tierra buena y fueron como un pistoletazo de arranque para lo que hoy es JMV Internacional. Posteriormente, en un Encuentro Internacional de Visitadoras de las Hijas de la Caridad, el P. Maloney les presentó el mismo reto: “Crear grupos de jóvenes. ¿Hay algún sector de la sociedad en el que el Papa Juan Pablo II se haya centrado tanto como en lo jóvenes? Hoy todo el mundo habla sobre el Nuevo milenio. Los jóvenes son el tercer milenio. Les pertenece. Si la Iglesia esta completamente viva en el tercer milenio, es gracias a que es vigorizada por los jóvenes que creen profundamente. Los jóvenes son evangelizadores y sirvientes de los pobres en el tercer milenio. Muchos de nosotros difícilmente desarrollaremos ese papel. Si estadísticamente es cierto, no sobreviviré a la segunda década del tercer milenio. Pero los jóvenes de hoy estarán vivos y llenos de energía. Por eso os sugiero hoy, que no hay objetivo apostólico más importante para la Iglesia y para la Familia Vicenciana que acercarse a los jóvenes y ofrecerles una formación vibrante, cristiana y vicenciana” (Conferencia “La juventud y las Hijas de la Caridad”). En marzo de 1998, se constituye un Consejo Internacional Provisional, cuya presidencia ostentaba Edurne Urdampilleta (en esos momentos, presidenta nacional de JMV en España y a mi juicio una de las jóvenes que más cerca y durante más tiempo ha trabajado al lado del P. Maloney para hacer realidad este sueño), y del cual formaban parte también Anna Salis (Italia), Gladys Abi-Saïd (Líbano) y Danuta Pietkarz (Polonia). También el P. Maloney nombra como Subdirector General de la Asociación al P.Benjamín Romo, y como Consejera por las Hijas de la Caridad a Sor Margaret Barret, para ese momento Consejera General de lengua inglesa. El P. Maloney animó al Consejo Provisorio a realizar una tarea fundamentalmente de consulta y reflexión para determinar: q Posibles modos concretos de Coordinación Internacional, q Nuevas propuestas para el borrador final de los Estatutos Internacionales, q Convocatoria de la 1ª. Asamblea General oficial. q Cómo poner en marcha un nuevo Secretariado Internacional Permanente. Durante la 39º. Asamblea General de la Congregación de la Misión, realizada en julio de 1998, el P. Maloney insistió claramente en la necesidad de un compromiso más explícito de la Congregación a favor de los jóvenes. Y aunque esta inquietud no quedó recogida en los compromisos asumidos en el Documento Final, sin embargo, en su discurso de clausura de la Asamblea, el P. Maloney vuelve a insistir a todos los misioneros: “Les exhorto a que, al salir de esta Asamblea, formen grupos de JMV dondequiera que vayan. Vean esto como uno de los grandes desafíos del tercer milenio. Los futuros siervos de los pobres son los jóvenes. Ellos son los evangelizadores del tercer milenio… Si nosotros logramos ofrecer a los jóvenes una formación profundamente cristiana, vicenciana, nuestra Familia Vicenciana continuará creciendo como un poderoso instrumento al servicio de los pobres. Tenemos un don precioso que ofrecer a los jóvenes: una visión de Cristo como evangelizador y siervo de los pobres. En tanto en cuanto les ofrezcamos generosamente ese don, nuestra familia será dinámica en el tercer milenio” (Cfr. VINCENTIANA Año 42, No. 4-5, 1998, p.400). Luego de muchísimas consultas, el 12 de enero de 1999 el P.Maloney decide erigir un Secretariado Internacional, con sede en Madrid (España) y la dedicación preferente de cinco personas que iniciaron su andadura a mediados de septiembre: P.José Eugenio García (España), Sor Luzdari Jiménez Serna (Colombia), José Juan Pérez Ramos (España), Deborah Pacheco Laboy (Puerto Rico) y Gloria del Carmen Santillán Martínez (México). Más tarde, se incorporan también al equipo Gladis Abï-Said (Líbano) e Ivanildo Dantas (Brasil). El 2 de febrero de ese mismo año, el P. Maloney recibe la aprobación de los nuevos Estatutos, por parte de la Santa Sede. La primera tarea asignada al nuevo equipo internacional (Consejo Provisorio y Secretariado) fue la organización y realización de la 1ª. Asamblea General de la Asociación y el Encuentro de Jóvenes Vicencianos, ambos efectuados en agosto del 2000, en Roma, con motivo del Jubileo de los jóvenes. La Asamblea supuso un nuevo impulso y la apertura de perspectivas para la JMV. Quienes estuvimos en aquella Asamblea, recordamos con emoción que el P. Maloney acompañó todos los trabajos, de la mañana a la noche. Puso en manos de los jóvenes la responsabilidad de la misma, dándoles total protagonismo en la Asamblea. Durante su intervención del primer día, el P. Maloney nos decía: “Deseo que esta Asamblea nos impulse a soñar, a nosotros y a nuestros miembros jóvenes a través de todo el mundo. Sueñen sueños del Reino de Dios y pongan los cimientos que hagan que estos sueños se transformen en realidad”. ¡Y vaya que si los sueños se han convertido en realidad tangible! El resultado de aquella primera Asamblea General fue un documento final con diversos compromisos en torno a siete temas fundamentales de nuestra vida asociativa (vida espiritual, formación, dimensión mariana, testimonio de vida, servicio-misión, internacionalidad y relación con la familia vicenciana) y la elección del primer Consejo Internacional, presidido por Gladys Abi-Saïd y conformado por Gloria Santillán (México), Edurne Urdampilleta (España), Ana María Escaño (Filipinas) y Francisco Pires (Portugal). Ya desde el año 1998, el P. Maloney había estado animando a JMV de España a trabajar para formar una nueva asociación que facilitara la continuidad y estabilidad de los jóvenes que desde el año 1984 venían realizando experiencias misioneras “ad gentes y habían descubierto su vocación laical misionera. En tres ocasiones envió al Consejo Nacional de España varios folios con sus aportaciones para conseguir un buen marco que integrase definitivamente a los laicos misioneros vicencianos, con carta formal de ciudadanía, dentro de nuestra Familia Vicenciana. Y así, alentada por el P. Maloney, del seno de JMV nació MISEVI (Misioneros Seglares Vicencianos), cuyos Estatutos Internacionales fueron aprobados por la Santa Sede el 7 de abril de 1999. Luego, en enero del 2001 celebraron su 1ª. Asamblea General Constitutiva en Madrid, España. En agosto de ese mismo año, el P. Maloney regresa a España, para participar en el Encuentro Nacional de JMV en Benagalbón. A mediados del 2001, y por diversas razones, el P. Maloney vio la necesidad de reestructurar el equipo del Secretariado Internacional. Y el 1 de septiembre se incorporan al mismo Sor Asunción García (España), como nueva Delegada, y el P.Pedro Castillo (Venezuela), como nuevo Director. Dado el rápido crecimiento del trabajo y los compromisos en la Oficina de la Familia Vicenciana, en mayo del 2002, el P. Maloney nombra como sustituto del P. Romo al P. Pedro Castillo, quien asume el servicio de Subdirector General de la Asociación. Del 23 al 28 de julio del 2002 el P. Maloney participa en el Festival Juvenil Vicenciano, organizado con motivo de la XVII Jornada Mundial de la Juventud en Toronto, Canadá. Fue una experiencia gozosa que congregó a 260 jóvenes de 23 países. En esa oportunidad el invitó a los jóvenes a cantar un cántico nuevo, y les decía: “¡Hoy, yo los llamo encarecidamente a ustedes los jóvenes, a entusiasmar al mundo entero con la presencia de Cristo! No sean indiferentes o conformistas. No se dejen arrullar y adormecer por la tentación de la continua posesión de bienes materiales. Cerciórense de la presencia viva de Cristo Jesús Resucitado, del Sol naciente y desarrollen su vida profundamente centrada en los Evangelios y en el servicio espiritual que prestan a sus hermanos y hermanas”. A finales de ese año 2002, el equipo de jóvenes voluntarios del Secretariado Internacional terminó su experiencia de servicio. Y en enero del 2003 el P. Maloney nombra a un nuevo grupo de jóvenes voluntarios para asumir este servicio por otros tres años: Yasmine Cajuste (Haiti), Pamela Mantuhac (Filipinas), Doris Castillo (Ecuador) y Gustavo Gómez (Venezuela). Ese mismo año, el P. Maloney nombra a Sor Wiwine Kisú como nueva Consejera Internacional de JMV, en sustitución de Sor Margaret Barret, quien ya no podía realizar este servicio al ser elegida como Asistenta General de la Compañía de Hijas de la Caridad. Y en diciembre del mismo año, participa en el Encuentro Europeo de Consejos Nacionales JMV, realizado en Madrid. Allí nos compartió una conferencia titulada “Valores espirituales a potenciar en los líderes de JMV del nuevo milenio”, que luego se ha trabajado en los otros dos Encuentros Continentales de Consejos Nacionales (el de Asia, realizado en Filipinas del 24 al 27 de abril 2004, y el de América, realizado en Perú del 25 de julio al 2 de agosto 2004). A mi juicio, es algo así como el testamento espiritual del P. Maloney para la Asociación. Aunque esperamos que por muchos años su pluma siga ayudándonos a profundizar en la doctrina vicenciana, sin embargo esta fue prácticamente su última intervención pública oficial, como Director General de JMV, de allí su incalculable valor. Entre otras cosas, allí él dice a los miembros de la Asociación: “Hoy les indico que, como líderes, no existe un servicio más importante que éste: ofrecer a los jóvenes la creación de un entorno lleno de fuego y centrado en el evangelio… el reto para nosotros, como líderes, es éste: ¿podemos crear asociaciones de JMV llenas de fuego…?. Asociaciones: · donde la caridad evangélica reina entre nosotros y luego se irradia hacia los pobres · donde nos decimos la verdad con sencillez, humildad y constancia y luego hablamos del mismo modo con los de fuera · donde rezamos fielmente con los demás y luego compartimos nuestra oración, con naturalidad, también con los otros · donde nos apoyamos mutuamente y disfrutamos de la mutua compañía como amigos y luego compartimos esa amistad con los pobres que nos rodean · donde nos escuchamos bien unos a otros y juntos discernimos la voluntad de Dios y luego somos capaces también de escuchar bien a los pobres y de discernir con ellos la voluntad de Dios · donde renunciamos a una gratificación inmediata en pro de objetivos de vida más importantes y luego manifestamos a quienes nos rodean, mediante nuestras vidas, cuáles son realmente los objetivos más importantes de la vida”. P. Maloney: un legado para profundizar, un compromiso por asumir En estos tres años de trabajo junto al P. Maloney puedo asegurarles que su dedicación y acompañamiento de nuestra Asociación han sido únicos. A pesar de sus responsabilidades como Superior General, el P. Maloney: - Ha hablado en numerosas ocasiones a los jóvenes, utilizando magistralmente los modernos medios de comunicación e invitándoles a ser los evangelizadores y siervos de los pobres en este tercer milenio, - ha seguido personalmente todos los temas de importancia, - se ha preocupado por cada uno de los miembros del equipo internacional (Consejo y Secretariado), - ha acompañado todas las reuniones del Consejo Internacional, - nos ha animado y ayudado a buscar recursos financieros que nos permitan mantener la estructura internacional, - ha escuchado la voz de los jóvenes que traen las inquietudes y necesidades de los distintos países, - y ha dado aportaciones significativas para el seguimiento de los compromisos de la 1ª. Asamblea General y para la redacción de los grandes documentos elaborados por el Consejo Internacional en este período, de manera especial los documentos sobre Asesoría, Procesos Formativos, Desembocadura y el Cuaderno de Oraciones de JMV. Bastan estas pinceladas para darnos cuenta de su valioso aporte a la JMV. Al terminar estas líneas, surge espontánea en mí una pregunta: ¿Ha asumido la Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad la incesante llamada que nos ha hecho el P. Maloney, de palabra y con su ejemplo, a compartir nuestro carisma con los jóvenes y a acompañar los grupos de JMV?... Personalmente, creo que en la mayor parte de los países las Hijas de la Caridad viven con entusiasmo este compromiso, viéndolo como una misión propia que la Virgen confió a la Compañía en 1830. Son ellas las que crean nuevos centros, los acompañan, muchas veces ofrecen sus locales y recursos económicos para apoyar a los jóvenes. Muchas Hermanas han descubierto su vocación dentro de JMV. El Documento “Líneas de acción Inter-asambleas 2003-2009” sólo habla de los jóvenes refiriéndose a la Pastoral Vocacional, e invita a las Hermanas a acoger a las/los jóvenes que deseen compartir sus servicios y su vida de oración. Ya es un paso. Pero hemos de convencernos de que no habrá una buena Pastoral Vocacional (en su sentido amplio) si no tiene como base un fuerte compromiso con la Pastoral Juvenil Vicenciana. Aunque las Hijas de la Caridad juegan hoy un papel muy importante–y lo seguirán jugando en el futuro- en la asesoría de nuestros grupos; sin embargo, su mayor dificultad quizás consista hoy en formar a los jóvenes para el liderazgo y el protagonismo (en la misma Asociación, en la Iglesia y en la sociedad), de manera que de verdad la Asociación llegue a ser de los jóvenes y para los jóvenes. En cuanto a los Misioneros, si bien es cierto que muchos aman a JMV y dedican parte de su tiempo al acompañamiento de los grupos (especialmente aquellos cuya vocación se ha gestado en JMV), aún falta mucho por andar. A veces tengo la impresión que la Congregación asume esta tarea por la fuerte presión ejercida desde arriba, pero no por convicción propia. Baste ver la dificultad existente para nombrar asesores que puedan disponer del tiempo y los recursos económicos necesarios para este apostolado entre la juventud. Afortunadamente cada vez son más los Visitadores que intentan comprometer a sus provincias en un decidido esfuerzo por fortalecer la Pastoral Juvenil Vicenciana. Llama la atención que en el Documento Final de la XL Asamblea General sólo aparece el vocablo “jóvenes/juventud” tres veces. Con relación a las vocaciones y a la vida comunitaria: invitemos a los jóvenes a compartir nuestra oración, nuestra vida fraterna y los trabajos de evangelización. Y con relación a nuestra actividad apostólica. Sólo las Conferencias de Visitadores de América Latina y de los Estados Unidos han visto la necesidad de incluir explícitamente a los jóvenes entre sus compromisos para los próximos seis años. Se comprometen, respectivamente, a: Hacer de nuestras obras y ministerios escuelas de formación misionera y de caridad, con atención específica a la pastoral juvenil vicentina. Y a estudiar más la posibilidad de oportunidades más estructuradas para que los jóvenes sirvan a los pobres desde la tradición vicenciana. ¿Acaso no es también urgente este reto en otras latitudes?... Quizás la guinda del pastel la ha puesto el mismo P. Maloney, al sugerir en febrero de este año a los responsables internacionales de las diversas ramas de la Familia Vicenciana la celebración del Año de la Juventud, para compartir el carisma vicenciano con todas las generaciones, mediante la oración, la formación y el servicio de los pobres. Como buen maestro, nos ha dejado una tarea pendiente a todos los grupos de la Familia Vicenciana, que seguramente nos llevará mucho más de un año: invitar a más jóvenes a que se unan a nosotros en el servicio de los pobres. Y ha dado sugerencias concretas de actividades que podemos hacer a lo largo del 2005 para lograr este objetivo. Seguramente, el Encuentro de Jóvenes Vicencianos que la JMV realizará en Colonia (Alemania), en el marco de la celebración de la XX Jornada Mundial de la Juventud, del 16 al 21 de agosto 2005, cerrará con broche de oro este Año de la Juventud Vicenciana. Por todo lo que anteriormente he expuesto, puede afirmarse que como Director General, el P. Maloney ha marcado una huella imborrable en la vida de la Asociación. El Consejo Internacional se despidió de él en mayo de este año, y como muestra de agradecimiento y cariño, en nombre de todos los miembros de la Asociación, le obsequiamos todo el equipo necesario para que hiciera el “Camino de Santiago”, un viejo deseo que sabíamos él tenía. Quisiera cerrar esta comunicación, con una pequeña anécdota que puede ilustrarnos lo que ha significado el P. Maloney para la JMV durante estos doce años. El 4 de octubre llegaba de incógnito a España, procedente de Roma, un caminante, que con su mochila al hombro se dispuso a peregrinar durante una semana a Santiago de Compostela. Quería ir solo, para vivir más intensamente esta experiencia espiritual. Por el camino iba orando, dialogando con la gente que se encontraba en el camino, tomando notas, dejándose impresionar por el paisaje, sufriendo las inclemencias de la lluvia característica de las tierras gallegas, y tomando el descanso que su cuerpo –acostumbrado a tareas más administrativas- le pedía. Tres días después, un grupo de jóvenes de JMV emprendía el mismo camino, la misma aventura. Llegaron a Santiago con tres días de diferencia, para celebrar la fiesta de la Virgen del Pilar. El caminante incógnito, había llegado antes, entre una muchedumbre incontable y con un tiempo inclemente, que no le permitió ni siquiera entrar a la Catedral. Los jóvenes llegaron luego, con algo de menos gente a su alrededor y un sol espléndido. Quizás los jóvenes nunca cayeron en la cuenta que encontraban el camino mucho más suave, porque iban tras las huellas de aquel peregrino anónimo, que sencillamente iba siguiendo las huellas de otro caminante, el de Emaús. Los jóvenes no tuvieron que enfrentarse demasiado a la lluvia, porque aquél hombre la había recogido antes con su cuerpo. Y al llegar a la meta, pudieron disfrutar de un espléndido sol y orar en la bella catedral, porque antes aquel hombre había llegado a la misma ciudad de forma muchísimo más dura. Luego, se encontraron en Madrid, el peregrino incógnito y los jóvenes, y compartieron las peripecias y enseñanzas que una experiencia tan honda deja en el alma. Y cayeron en la cuenta de que Dios había escogido a aquél hombre para mostrar un camino a los jóvenes, y ahora tocaba seguir las huellas que había dejado, como señales luminosas que indican la senda de los sueños de Dios y del compromiso con los pobres. Aquel peregrino anónimo era el P. Robert Maloney y los jóvenes eran el equipo del Secretariado Internacional JMV. Eso ha sido este hombre para nosotros: un profeta que nos ha enseñado a trabajar para hacer nuestros sueños realidad. “Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad” (Cora Wels) |
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