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El Magníficat es un canto de libertad de los pobres. María, que dirige el cántico, recapitula en su persona a los pobres de Israel, a los marginados por la sociedad, para quienes “no hay lugar en la posada”[1]. Dios es su única esperanza y ella canta sus alabanzas con exuberante confianza. Como miembros de la Familia Vicenciana, unimos con gozo nuestras voces a la suya. Refiriéndose al Magníficat, el Papa Juan Pablo II escribe elocuentemente en Redemptoris Mater[2]: “Su amor preferencial por los pobres está inscrito admirablemente en el Magníficat de María… María está profundamente impregnada del espíritu de los “pobres de Yahvé”, que en la oración de los Salmos esperaban de Dios su salvación, poniendo en Él toda su confianza (cf. Sal. 25; 31; 35; 55). En cambio ella proclama la venida del misterio de la salvación, la venida del “Mesías de los pobres” (cf. Is. 11, 4; 61, 1). La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús”. El Magníficat es importante para todos nosotros. Muchos miembros de nuestra Familia lo rezan cada día. Recientemente, la primera Asamblea General de la Asociación de la Juventud Mariana Vicenciana ha declarado en su documento final: 1. Fundamentaremos nuestra espiritualidad mariana en el canto del Magníficat, que nos invita a vivir en actitud de alegría y de agradecimiento a Dios por las maravillas de su salvación. 2. Inspirados por el cántico del Magníficat, centraremos nuestra opción clara por Dios como único Absoluto, y nos colocaremos entre los pobres y los débiles como “el medio ambiente” en el cual hacemos efectiva nuestra entrega a Dios. En este artículo, voy a estudiar el Magníficat en tres etapas: I. Su estructura II. Su contenido III. La espiritualidad que expresa. I. ESTRUCTURA DEL MAGNÍFICAT El Magníficat es un mosaico de expresiones del Antiguo Testamento. Es importante hacer notar este hecho desde el comienzo, porque muestra cómo la comunidad del Nuevo Testamento, de donde brota este cántico, estaba profundamente enraizada en la Sagrada Escritura. El cántico de María se parece al tipo de salmos conocidos como “himnos de alabanzas”, por ejemplo los Salmos 33, 47, 48. Éstos tienen habitualmente una introducción, un desarrollo y una conclusión. Lo mismo que muchos salmos de este género, el Magníficat emplea una figura poética llamada “paralelismo”. Esta figura consiste en construir dos líneas paralelas que se equilibran en el plano de la métrica. Algunas veces el paralelismo es sinónimo, es decir que dos líneas dicen fundamentalmente lo mismo, aún cuando cada línea utilice imágenes o palabras diferentes. Por ejemplo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. Otras veces, el paralelismo es antitético, es decir que las dos líneas dicen lo contrario una con relación a la otra. Por ejemplo: “Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes”. Pero, aún reconociendo la importancia de este telón de fondo del Antiguo Testamento en el Magníficat, es también esencial poner de relieve que el Cántico de María está escrito a partir de una perspectiva posterior a la resurrección. Es un himno de la comunidad del Nuevo Testamento. Lucas lo ha incorporado a su evangelio, probablemente con algunos ligeros cambios, en torno a los años 80-90. Manifiesta la fe de la comunidad que se expandía ya rápidamente a través del mundo y la mayor parte de cuyos miembros procedían de las capas más pobres de la sociedad II. CONTENIDO DEL CÁNTICO DE MARÍA
1. Alabanza introductoria
El canto de María tiene profundas raíces en el himno de Ana (cf. 1 Samuel 2) en el momento en que deja a su hijo Samuel en el templo, consagrándolo al Señor Dios. El comienzo del cántico tiene también paralelos en el Salmo 35 y en el himno de Habacuc[3]. Los dos primeros versículos del Magníficat son, de manera sorprendente, similares a estas tres fuentes del Antiguo Testamento, como es claro en las citas anteriores. 2. Desarrollo
El versículo 48a repite la presentación que María hace de sí misma en su conversación con Gabriel. Es la esclava[4] del Señor, la sierva de Dios. Reconoce su “bajeza”, su posición humilde en la sociedad, su pobreza. El lector se habrá dado cuenta en seguida de la semejanza entre este versículo del cántico de María y dos textos del Antiguo Testamento relativos a mujeres estériles.
En la segunda parte del versículo 48, Lucas vuelve al tema de la “bendición” de María. Al reconocerse “bendita”, María hace eco al saludo de Isabel, citando unos versículos antes[5]: “Bendita tú entre las mujeres”. Es bendita por las maravillas que Dios ha realizado en su vida.
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