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JUVENTUDES MARIANAS VICENCIANAS: LA CONSAGRACIÓN Miguel P. Flores C.M. El tema de la consagración en la asociación mariana, antes Hijos e Hijas de María y hoy Juventudes marianas vicencianas, fue un tema de gran importancia e interés porque la consagración era considerada como el alma de la asociación. La consagración suponía el don de sí mismo, don que se realizaría después y con toda intensidad en la vida cotidiana (Cf. Pío XII, 11.7.45). Metodología. Expongo ciertos aspecto que considero más fundamentales. Dejo a vuestra reflexión personal y en grupo el profundizar en ellos y deducir las consecuencias prácticas que creáis oportunas. Quiero ser fiel a la consigna recibida, es decir, se trata de ir tomando conciencia de lo que es o debe ser la consagración entre las juventudes marianas vicencianas; de relanzar la idea. Por otra parte, el tema de la consagración conlleva aspectos y facetas perennes, pero al mismo tiempo conlleva aspectos y facetas que se deben actualizar. Prescindir de los primeros es desfigurarla. Asumir superficialmente los segundos sería mantenerla en la inactualidad. Creo que sois vosotros los jóvenes quienes debéis actualizaría desde vuestra sensibilidad como jóvenes marianos vicencianos, como miembros vivos de la Iglesia de hoy, como jóvenes que miran a María desde su óptica particular. Minusvalorización de la consagración. Es un hecho la crisis que el término consagración ha sufrido. Y no sólo el término, sino su contenido. Por esto, el término consagración crea cierto desasosiego, cierto malestar cuando se usa. Su contenido ha sufrido desprecio, se ha desvalorizado. Todo como efecto de una mentalidad atacada de secularismo. El secularismo tiene alergia a todo lo religioso en el sentido amplio y profundo de este término. La consagración, como después diremos, es algo profundamente religioso en su más profundo sentido. Es normal que para una mentalidad enferma de secularismo el término le sea odioso y le cause malestar. Me atrevo a haceros esta pregunta: ¿Vosotros, jóvenes marianos vicencianos, sentís este desasosiego ante el concepto de consagración? Sería un punto sobre el cual deberíais reflexionar. Es cierto, como la historia nos demuestra, que las crisis no son siempre negativas en todos sus efectos. Dan ocasión para estudiar de nuevo los problemas, verlos desde perspectivas distintas, profundizar en sus contenidos. Esto es lo que ha sucedido con la crisis padecida por los contenidos de la consagración. Hoy gozamos de una nueva teología sobre la consagración, más rica y actual. Nos damos mejor cuenta de su exigencia espiritual e, incluso, estamos de acuerdo que exige una nueva normativa, un cauce jurídico nuevo. La crisis ha dado nuevo vigor a la consagración. Ya no puede ser un acto superficial de piedad; ni término de una rutina reglamentaria. Ahora debemos prestar mayor atención a sus exigencias de madurez humana y cristiana. No se puede trivializar un contenido tan rico humana y cristianamente hablando. Con la minusvalorización de la consagración se ha creado también situaciones críticas a realidades que dimanaban de la consagración o que a ella se referían. Me estoy refiriendo al apostolado y a la espiritualidad. El hecho no es solo constatable en la asociación mariana de la que vosotros os decís continuadores, sino también en otros muchos movimientos de espiritualidad y apostolado florecientes en no hace muchos años. Hoy nos preguntamos:¿qué queda de todo aquello?. Pero el Espíritu Santo sigue dirigiendo firme a su Iglesia revitalizando lo viejo y derramando nuevos carismas. Es importante estudiar nuestra actitud ante la acción del Espíritu Santo. Podemos sufrir varías tentaciones. Aludo solamente a una, a la llamada tentación del actualismo por la que fácilmente Ambigüedad del término consagración
El término consagración es, ante todo, un término teológico. Del campo de la teología ha pasado a otros campos bastante alejados de ella. A veces por consagración se entiende el rito de la consagración. Otras veces se alude a actitudes personales referidas a profesiones, sean éstas las que fueren: deportivas, comerciales, literarias, etc. El uso más apropiado es el que se hace cuando queremos referirnos a la acción de Dios que irrumpe sobre la criatura, se posesiona de ella, la avoca a sí mismo, la invade. Pensemos en la Encarnación: Dios irrumpe sobre la humanidad, la eleva, la redime, Dios se hace hombre. Pensemos en el Bautismo: Dios irrumpe sobre la persona humana, la hace nueva criatura, la comunica su gracia, la llena de sus dones... Pensemos en el Sacramento del Orden del matrimonio, etc... Todas son acciones consagrantes de Dios. Entre estas la más fundamental, la que las demás presuponen es la del Bautismo. También se usa el término consagración para significar la acción de Dios sobre el profeta. Recordemos las descripciones que sobre la vocación de los profetas mayores nos da la Sagrada Escritura. Dios les llena de su ser, son sus testigos, no hablan sino palabra de Dios. En esta misma línea se pueden citar la acción de Dios sobre los místicos. Son acciones consagrantes de Dios. Hay otro campo en el que el término consagración es frecuentemente usado, incluso en la teología. Me refiero a la respuesta que el cristiano da al Señor entregándose enteramente a él, una vez que ha sentido la llamada, se ha sentido con vocación. Aquí es la persona la que irrumpe en Dios, la que se entrega a él sin medida, total y plenamente. Este es el concepto que ordinariamente se da a la consagración de los religiosos: Para seguir plenamente y más de cerca a Cristo se entregan plenamente, totalmente a él en pobreza, castidad y obediencia. Toda consagración conlleva las notas o características de totalidad, radicalidad, plenitud. Por eso cuando una persona se entrega a cualquier profesión y da signos de una entrega plena se dice que están consagrados. Lo mismo podemos decir cuando una cosa o lugar están exclusivamente dedicados bien sea al culto divino, bien sea a Otros menesteres se dice que esos lugares o esas cosas están consagradas a esos fines. Con lo dicho os podéis dar cuenta de la diversidad de significados que ordinariamente se da al término consagración. Antes de seguir adelante quisiera que os fijaseis en María. En María se dan los conceptos fundamentales: Ella es invadida por el Espíritu: El Espíritu descenderá sobre ti... En su seno Dios se hará Hombre... Ella da una respuesta total a la llamada del Señor: He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra. En Ella ponemos también la totalidad de su entrega al servicio de su Hijo. María no tiene sentido si no es en su Hijo. Consagración y Juventudes Marianas Vicencianas
¿Qué significado debemos dar a la consagración dentro de J.M.V.? Este aspecto es el punto central de esta charla. Me he dado cuenta, al estudiar esta cuestión, que los Manuales, v.g. el de 1968 no aporta nada nuevo a lo que se decía en los Manuales anteriores, no obstante haberse celebrado el Vaticano II y a partir de él el concepto de consagración se ha enriquecido sobre manera. Hoy la versión que dan los Manuales adolece de pobreza doctrinal. La razón es clara: la visión que de María se tiene es distinta, la teología sobre el bautismo ha adquirido nuevas dimensiones, el apostolado se inspira en nuevas motivaciones. Todos estos temas estén en el centro de la consagración de las J.M.V. Ya no basta con ver a María sólo como modelo de virtudes cristianas. No basta ver el Bautismo como algo referido solo a la persona que lo recibe. No es suficiente una acción apostólica que no tiene en cuenta el motivo que la inspira, la acción apostólica es algo más que la prestación de un servicio. De hecho, los contenidos de la consagración dentro de la Asociación mariana han evolucionado. Un ejemplo lo tenemos en el ámbito del apostolado: Al principio se hablaba solo del apostolado testimonial, del sufrimiento, de la oración. Más tarde se habló del apostolado de la acción directa. En los Manuales primeros parece encontrarse la imagen de una asociación que sólo busca la santidad personal y que el apostolado es algo sobreañadido. En el Congreso internacional mariano de 1904 se ofrece un esquema de contenidos que, a mi juicio, puede ser válido hoy, con tal de que se le llene con todas las aportaciones que la Teología de hoy nos ofrece. Se afirma que la Asociación, la consagración de la Asociación tiene como metas: — reanimación y fortalecimiento en la fe. — santidad personal. — apostolado (Se insiste en el apostolado por el ejemplo, testimonial y familiar). — orientación para la vida matrimonial o religiosa. Todo, claro está, inspirándose en María. Nosotros nos podemos preguntar si este esquema es válido para hoy y cómo podemos completar su contenido. 1 - Significado de la consagración para J.M.V. Creo que la consagración o compromiso (no hago cuestión de palabras) se podría describir así: Opción personal, seria y maduramente tomada, de vivir las exigencias bautismales entregándose plenamente al seguimiento de Cristo y a la instauración de su Reino, inspirándonos en María, modelo de todo cristiano y Madre de la Iglesia optando como campo preferencial de su apostolado la evangelización de los pobres. Todos sabemos cómo la vida cristiana puede vivirse de muy diferentes maneras. La consagración mariana conlleva lo propio de toda consagración: vivir en plenitud las exigencias bautismales, pero añade el aspecto mariano, poniéndolo como centro inspirador. Añade también su opción preferencial por los pobres en cuanto es una consagración mariana-vicenciana. Tres aspectos creo se deben señalar: — compromiso personal, fruto de una madurez humana y cristiana. — inspiración mariana. — campo de apostolado vicenciano. Todo para vivir en profundidad el bautismo y sin perder de vista la orientación futura bien sea en el matrimonio, bien en la vida religiosa. Son los estados ordinarios. 2 - Contenido mariológico de la consagración mariana Ya dije antes que el contenido teológico había sufrido un cambio, siempre a más, en la explicación que nos daban los Manuales hasta 1968. Podemos comparar lo que se dice en los congresos internacionales 1904, 1954 y el Congreso de las juventudes marianas italianas en 1980. En 1954 Pío XII, siguiendo el esquema de los contenidos fijados en 1904 los llena de un nuevo contenido teológico. Es la realeza de María la que se hace presente. El P.Henrrion, director nacional de las juventudes marianas d Francia lo explica al estudiar lo que es la consagración de los entonces Hijos e Hijas de María. De la realeza de María deduce la exigencia de santidad y la exigencia del apostolado mariano. En 1980 el sacerdote montforciano P. De Fiori estudia la consagración a la luz de María Madre de la Iglesia. Es la eclesiología la que está más presente. Todos sabemos cómo el misterio de María ha recobrado nueva luz, nueva fuerza al contemplarlo dentro del misterio de la Iglesia. María aparece no solo como modelo de virtudes cristianas, sino que se presenta como tipo y modelo de la Iglesia. Ella es la Madre de la Iglesia. En resumen se puede afirmar que la consagración se enriquece de contenidos a medida que la mariología se enriquece por la reflexión teológica. 3- Bautismo y consagración Ya dijimos que toda consagración radica en la consagración bautismal. la consagración: se ha dado un gran avance y progreso. La teología del bautismo ha recibido un gran impulso y un gran desarrollo desde que la Iglesia se ve como un pueblo de Dios. Dos consecuencias se deducen y las dos son de importancia capital: la vocación a la santidad de todo cristiano y la llamada al apostolado a todo cristiano. Santidad y compromiso apostólico han resultado ser dos ideas “madres” de la teología del Vaticano II. Se impone para nosotros una conclusión: La consagración mariana debe poner en el mismo nivel la exigencia de santidad y la exigencia de apostolado. Queda así muy lejos la visión excesivamente pietista que, quizás, la consagración mariana tuvo en otros tiempos aún no muy lejanos. 4- Consagración y vida Un autor no católico, E. From, en uno de sus libros, en el titulado “Revolución de la esperanza”, dice que el joven de hoy necesita dos esquemas: un esquema de orientaciones sobre los valores y otro esquema sobre orientaciones para la acción. Es importante que el joven de hoy tenga una visión noble de lo que es la vida como condición para una acción coherente. En otros términos quizás más sencillos: El joven de hoy necesita tener un proyecto de vida claro, esperanzador, atrayente. Necesita tener “modelos” en los que polarice sus energías con esperanza frente a los modelos excesivamente efímeros y superficiales que le ofrece una sociedad materialista sin esperanza de futuro trascendente. Estas ideas me parecen buenas para revalorizar el contenido de la consagración mariana. Ella, la consagración es un proyecto de vida. Recordemos el esquema: fortalecer la fe (pensemos en el ateismo, pensemos en nuestra sociedad con signos claros de que no es cristiana), santidad personal <pensemos en la quiebra de los valores morales), apostolado pensemos en la gran tarea que supone la realización del reinado de Dios), orientación hacia el futuro: matrimonio y vida religiosa <pensemos en la concepción laica del matrimonio, divorcio; pensemos en el valor testimonial y apostólico que se exige al religioso>. Todo inspirado en María, visto a través de la figura de María. La cuestión que se puede plantear es la siguiente: ¿María es tan rica que puede inspirar situaciones tan diversas? ¿No estamos exagerando cuando decimos tantas cosas de María? No seré yo quien dé la respuesta. Ahí están los documentos marianos del Magisterio de la Iglesia: Gaudium et Spes, Marialis Cultus, por citar los más recientes. Ahí están las alusiones a María en otros documentos de gran importancia para la vida de la iglesia: la Evangélica Testificatio, la Evangelii Nuntiandi. Ahí está la mariología que elabora a partir de los datos de la fe lo que a María se refiere. Siempre a María se la ha visto como la criatura perfecta. El modelo de hombre querido por Dios. La cristalización de lo que la obra salvadora de Dios puede hacer de cada uno de nosotros. A María se la considera como la primera cristiana, no sólo en el tiempo, sino en profundidad. San Vicente dirá que nadie como Maria comprendió el mensaje evangélico. A María la llama Pablo VI “estrella del apostolado”. A María la invocamos hoy como Madre de la Iglesia por ser prototipo de la Iglesia como sacramento de salvación. Es más, cuando hay un cambio de mentalidad descubre los valores de la feminidad, a María se la considera como el Rostro materno de Dios. Un teólogo moderno, L. Boff, nos acaba de dar un libro con este título: María rostro materno de Dios. El autor estudió los valores femeninos a la luz de la teología. Lo femenino también nos revela a Dios. ¿No es claro ésto en María mujer? Podemos añadir otros datos: los hombres y mujeres santos (canonizados o no) quienes han sabido ver en María, encontrar en María lo que han necesitado para ser santos ellos y para realizar su misión en la Iglesia y en el mundo. El libro Unidos por un Signo nos da una rica galería de hombres y mujeres que en María —la de la Medalla Milagrosa— encontraron la fuente de su inspiración. 5 — Consagración mariana y los pobres Las Juventudes marianas de España habéis añadido otro adjetivo. También vicencianas. En esto habéis sido originales. No tengo conocimiento que en otras partes las juventudes marianas hayan hecho lo mismo. La originalidad merece que se la tenga en aprecio y se profundice en ella. no sólo una feliz idea, sino también una idea llena de contenido espiritual y apostólico. Es cierto que históricamente la asociación mariana ha estado íntimamente ligada a las familias vicencianas. No es solo un legado de la Virgen a la Iglesia. Este legado se ha hecho a través de la familia o familias vicencianas. Pero no es ésto lo más importante. Lo más importante es ir descubriendo el rico contenido de lo que habéis querido expresar con el término “vicenciano”. Dos aspectos destacaría: — La opción por los pobres como campo predilecto de vuestro apostolado. Los pobres, el mundo amplio de los pobres. — La opción por un estilo de servir a los pobres, de ayudarles. Hablo del estilo vicenciano, que es evangélico porque S. Vicente solo se inspiró en el Evangelio, en Jesús que dijo: He sido enviado a evangelizar a los pobres. El estilo supone una espiritualidad. Supone una visión del pobre a la luz de la fe y no solo de la sociología. El pobre no es solo el hombre que sufre, el vencido por la desgracia, el oprimido, el que nadie quiere escuchar, el sin voz. El pobre es “sacramento de Cristo”. Sin duda lo más grande que tuvo S. Vicente fué su capacidad de sensibilizarnos ante el pobre, de hacernos que los amemos, de enseñarnos las actitudes que ante ellos debemos tener para no herir su dignidad. Todo esto entra dentro de la espiritualidad vicenciana. Vosotros queréis meter vuestra consagración dentro de este nuevo dinamismo. Así las Juventudes Marianas se meten muy adentro del sentir de la Iglesia que hoy se proclama Iglesia de los pobres. La Iglesia sabe muy bien que solo cuando mira al pobre descubre su verdadero rostro. Cuestiones particulares
Conocido el contenido de la consagración podemos abordar otras cuestiones más particulares y, sin duda, menos importantes. Si lo hago es que estas cuestiones se me han presentado para que diera mi parecer sobre ellas. 1. ¿Consagración o compromiso? En algunas partes por ejemplo en Italia, han suprimido el término consagración por el término compromiso. Quizás sea fruto del secularismo del que les hablé al principio. Ciertamente el término compromiso suena a menos religioso y a más psicología. Hace alusión a la persona que se compromete que a Dios a quien se dirige. Si se entiende el compromiso a la luz del contenido tal como lo hemos explicado no veo dificultad en aceptarlo en lugar del de consagración. Sin embargo no debemos caer fácilmente en objeciones que no son profundas ni serias. Creo que si entendemos bien lo que es la consagración y se pone de relieve el aspecto psicológico no hay por qué objetar al uso de este término, aunque ambientalmente exista cierto disgusto hacia él. 2. ¿Es necesario hacer un acto explícito de consagración? Personalmente creo que no. Bastaría aceptar con verdad, con seriedad todo lo que supone ser miembro de la asociación mariana vicenciana. Si existe compromiso serio con todo ello, se está dentro de lo que exige la consagración. Sin embargo, históricamente se pide el acto explícito. La razón, creo, es que formamos parte de un todo, somos miembros de una organización, de un movimiento mariano. El todo necesita signos, garantías, certezas. Existe un reglamento que todos deben cumplir que exige dar estos signos en el momento oportuno. Pienso que se debe tener en cuenta lo siguiente: — El acto específico debe ser fruto de una gran libertad, de una gran madurez en el contenido de la consagración. Un acto impuesto en fecha fija puede desvirtuar todo el valor de la consagración. — El acto específico debiera estar precedido de un tiempo de formación, de preparación, de discernimiento. — Dos extremos creo que se debieran evitar: — Hacer desaparecer la posibilidad de que un miembro de las juventudes pueda llegar a poder hacer explícitamente el acto de consagración, si se siente llamado a ello. El ofrecer la posibilidad puede mover la generosidad. — Imponer una reglamentación rígida de tal manera que la consagración o compromiso sea meta a la cual se llega mecánicamente, en virtud de unas normas. Esto sofocaría el espíritu. La consagración o compromiso debe ser un acto plenamente humano, religioso, inspirado en una profunda devoción a María. Un acto que ponga en juego virtudes tan nobles como la sinceridad, la veracidad, la autenticidad, la fidelidad por no hablar de las virtudes teologales. Sin duda que comporta una obligación moral. A veces en los manuales se habla de la consagración como una especie de contrato, de juramento, de promesa. Son términos con los cuales se ha querido explicitar su obligación moral. Vienen del campo de lo jurídico y creo que hoy están superadas. 3. Otras cuestiones: modo o fórmula En estos aspectos hay que dar lugar a la creatividad. Nada de lo que la historia nos ha legado es esencial. Somos libres en usar esta o la otra fórmula, hacerlo de esta manera o de la otra. Lo importante es que lo que se haga contribuya a realzar todo el contenido de la consagración. N.B. Los actos comunitarios de consagración solo los entiendo como actos ocasionales que ayudan a renovar lo que un día personalmente se hizo o ayuda a lo que un día se puede hacer. Solo los considero como actos pedagógicos o de piedad. Una reflexión quiero añadir. Me refiero al hecho del pluralismo en el cual nosotros nos movemos. Mil veces oímos decir que vivimos en un mundo pluralista. Este pluralismo facilita la libertad o libertades. Pero al mismo tiempo se desea saber quién es quién. Por eso abundan los signos, los banderines, las camisetas, las medallas, etc. Hay, sin embargo, un aspecto que no podemos despreciar por su importancia. Entre las libertades que no gustan a muchos que proclaman el pluralismo se encuentran las libertades religiosas. Países como el nuestro en el que la Constitución admite toda clase de libertades, también la religiosa, no siempre se ve con buenos ojos, al menos por parte de un sector de la sociedad, que esta libertad religiosa se proclame, se explicite públicamente. No es una libertad aceptada de buen grado. Se ha dado esa teoría que se ha calificado como privatización de la fe, es decir, autoencerramiento de nuestra fe, admitir solo una fe intimista. La fe, dicen es cosa solo de la persona, para su intimidad, es asunto personal que no debe salir afuera. Eso sí, con todos los respetos. Podemos caer en esta tentación. A veces parecen ciertos signos de complejo de inferioridad ante un mundo que se ha hecho insensible ante los valores religiosos. La fe, la religión, no es solo asunto personal, es también social. La misma Iglesia es una realidad social que debe actuar fuera de los templos, debe proyectarse en la vida, no obstante todas las incomprensiones. No nos olvidemos, María es Reina del mundo. Todo cristiano es constructor del Reino de Dios. Significar a todos esta actitud, este compromiso es cuestión de lealtad. María fué leal a su Hijo cuando la tierra se cubría de tinieblas. Las Juventudes marianas vicencianas existen para hacer presente en el mundo a María y mediante María a Jesucristo.
Tomado de: AA.VV, JMV, su espíritu y proyección apostólica (temas de reflexión). Madrid, 1984, pp.133-144 |
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