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Tanto San Vicente de Paúl como Santa Luisa de Marillac, desde sus orígenes, inculcaron en sus hijos e hijas un amor y devoción profundos a María. Dios premió esta iniciativa y se fijó en una sencilla Hija de la Caridad para hacerla mensajera suya, a través de un Sacerdote de la Misión.
Y así preparó a la pequeña Zoé, una sencilla campesina, en proceso de crecimiento y buenas costumbres a lo largo de su niñez, adolescencia y juventud. Todo un modelo para los jóvenes de hoy, Catalina gozará de las penas y gozos de una familia; de las dificultades de su época y de las influencias de la sociedad de su tiempo... En el 1997 se celebró el cincuenta aniversario del reconocimiento de su santidad por parte de la Iglesia. |
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