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PRESENTACIÓN

Llega el verano, tiempo de vacaciones escolares en algunos países. Para JMV es tiempo de encuentros, campamentos, de experiencias misioneras y de servicio. Sí, en los próximos meses, todos tendremos la oportunidad de encontrarnos con otros, de llevar a la práctica lo que vamos aprendiendo a lo largo del año,de compartir más tiempo con los pobres. Ojalá que este tiempo, en el que cambiamos nuestra rutina diaria, nos ayude también a salir de la dispersión, de la exterioridad y de una vida centrada excesivamente en nosotros mismos y en nuestros pequeños problemas.

Cuando muchos hacen una pausa para distraerse y divertirse, para ocuparse en “algo diferente”,nosotros los creyentes podemos aprovechar este tiempo para centrarnos en lo fundamental, para tener un contacto íntimo, profundo, con la raíz de nuestro ser, que es Dios. Las vacaciones pueden ser también un tiempo precioso para reafirmar en nuestra vida la primacía del corazón y de la misericordia. ¡Será hermoso si cada uno de nosotros regala en estos meses algo de su tiempo para los demás, especialmente para los pobres! Que no sea un tiempo para perder, para quemar, sino para dar y recibir, para vivir las mismas actitudes de María durante la Visitación: “salió presurosa”, a compartir la gran noticia, “entró y saludó” a Isabel, y “se quedó con ella tres meses”, prestándole sus servicios (Lc 1,39-40.56). ¿Qué piensas hacer para llenar estos meses, viviendo estas actitudes de María?...

Les invito a saber ubicar los encuentros y experiencias de servicio en el marco del proceso catequético: como momentos que nos permiten reforzar lo aprendido en los Centros Locales, abrirnos a la realidad nacional e internacional y conocer a otros jóvenes que igual que nosotros están embarcados en la gran aventura de seguir a Jesús de Nazaret, al estilo vicenciano. Como Asociación, sería un grave error ofrecer una pastoral juvenil jalonada sólo por eventos y encuentros. Peor aún, si estos eventos sirven sólo de “entretenimiento pastoral” y no presentan a los jóvenes, clara y abiertamente, la propuesta cristiana. No perdamos de vista en estos meses que la vida y el futuro de la Asociación se juega en los Centros Locales, en las catequesis periódicas, en los momentos de oración en comunidad, en la celebración frecuente de los sacramentos, en el servicio semanal a los pobres y en la coherencia con que cada miembro vive su proyecto personal de vida. Tampoco perdamos de vista la finalidad de nuestra formación y nuestros encuentros: “nos formamos para servir y, compartiendo nuestros dones, nos enriquecemos mutuamente” (II AG París 2005; DF. 2, Formación). Todo lo que hacemos en JMV debe traducirse “en acciones fecundas a favor de los jóvenes y de los más pobres” (DF.1.2.1). ¡No lo perdamos de vista!

Contemplando a María, salgamos apresuradamente a compartir con otros jóvenes nuestra fe; entremos en casa de los pobres con el corazón lleno de misericordia, llevando la buena noticia de nuestra amistad y del amor de Dios; y emprendamos servicios eficaces y creativos que nos permitan hacer efectivo el Evangelio. Como diría San Vicente: "Amemos a Dios, hermanos míos; amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestro rostro" (XI, 40). Sólo viviendo de esta manera, haremos creíble el Evangelio para muchos.

P. Pedro Castillo, C.M.

Subdirector General JMV

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